Paseando por los montes
de Cadavedo, se encuentra uno con una entrañable cabañita de madera, como
esas que se veían en las peliculas ambientadas en el delta del Misisipi,
donde un bluesman toca en solitario su armónica, mientras la brisa mece
suavemente la hierba.
Esta cabaña, exhibe en el exterior un cartel enmarcado que invita a
ser leido, y que más o menos viene a decir que el cansado caminante
queda autorizado por su dueño a recuperar el resuello y a sentarse en su
porche y en la hamaca amarilla, con la sola condición de que sea
respetuoso con el lugar y lo deje todo en el cuidado estado en que se lo
encontró a su llegada.
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domingo, 21 de abril de 2013
La cabaña de Luis
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